ESTA VEZ, LA VIDA, IBA EN SERIO...

 Cuando la vida nos cambia sin que lo decidamos, como poco, nos ponemos en alerta. Cuando pensamos que la vida nos cambia a mejor, lo celebramos.

Pasan los días y por fortuna, muchos acontecimientos que celebrar. Brindamos  por lo que viene cuando se trata de un nuevo empleo, brindamos por haber salido  aquella noche que no nos apetecía y gracias a eso haber conocido a esa persona que parece que nos ha robado el  corazón.

   Si soñamos con cambiar de estado civil y nos piden matrimonio, brindamos. Si Hacienda nos devuleve dinero, también brindamos. Cuando nos hacemos un selfie y lo colgamos en facebook sin tener que repetir la instantánea, ahí brindamos. Si nos toca la lotería brindamos. A lo loco brindamos si se trata de hacerse ricos.

Y ahora que mi vida ha cambiado un poco sin que yo lo decidiera, me doy cuenta de que llevo treinta y dos años olvidándome de algo.  Años brindando por las recompensas que consigo, años celebrando los premios y los regalos que me da la vida, olvidándome de que el mejor regalo, ya lo tengo. El premio era esto, la puta VIDA...

Y yo que soy poco mística (o nada). Que no encomiendo mi vida al destino ni a la suerte y que soy racional y algo escéptica, me sorprendí a mí misma cuando hace una semana lo único que resonaba en mi cabeza era: "la vida, joder, que la vida se nos va y esto es lo que realmente importa, coño". (Podría escribirlo sin tacos, pero esto sería faltar a la verdad ¿Qué le hago?)

La vida se nos va y esto es lo que realmente importa. Y tuviste que irte tú para que yo me diera cuenta de esto...

Viviría equivocada treinta y dos años más si así lo de siempre no hubiera cambiado, pero esta vez iba en serio. La puta vida esta vez no dio tregua. Y tuviste que irte tú para que yo recordara que la primera vez que comí clavos fue contigo. Sí, los clavos de tu paella. Yo nunca había visto esas cositas negras y por eso las apartaba a un lado del plato, además que siempre me parecieron insípidas. Otro recuerdo poco rimbombante que se me viene a la cabeza es aquella vez que me cortaste el pelo. Bueno, quiero decir, aquella vez que me cortaste el pelo y parecía un niño gordito. Yo estaba en preescolar y se conoce que tenía piojos ¡vaya cuadro aquello! También recuerdo los paseos en pijama de una casa a otra, poco elegante aquello quizás, pero es que así era mi vida contigo. Una vida normal, sin aderezos.  Era lo de siempre. Las voces entre la hiedra, las copas de vino, las conversaciones en el porche, La Jábega y hace un mes, aquella charlita tan buena en la cocina...

Y tuviste que irte para que yo me diera cuenta de que quiero brindar por los clavos insípidos de la paella, por los piojos, por las charlas en el porche y por los paseos en pijama. No necesito fuegos artificiales para recordarte.

Hoy en nuestro particular Circo hay más payasos tristes que de costumbre pero la melodía de tu piano sigue sonando en mi cabeza. La música de ese piano no se  va a parar nunca y eso sólo puede significar una cosa: THE SHOW MUST GO ON!

(Aunque cueste, seguiremos brindando por ti. Seguiremos celebrando la VIDA)

A mi tío Ricardo.

                                                                                                                                                                                   5 de mayo de 2017

 

 

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Y NO PIENSO VOLVER A DAR LAS GRACIAS (Porque yo soy actriz, y las actrices, actúan)

Y lo digo alto y claro, así, en mayúsculas: NO PIENSO VOLVER A DAR LAS GRACIAS. Que en mayúsculas dicen que parece que una alza la voz y lo dice todo bien gritado, sin miedo,  sin pelos en la lengua y sin pudor alguno.
Y NO PIENSO VOLVER A DAR LAS GRACIAS pese a quedar como una maleducada, una sobrada o una actriz desagradecida, pero ya está bien. Y añado también que no voy a volver a agachar la cabeza ante un director de casting, un productor o un programador de teatro porque yo no les debo nada (¡ellos a mí tampoco, ojo!). Yo sólo soy una que pasó por una Escuela Superior de Arte Dramático llena de ilusión y con todas las ganas de aprender y de comerse el mundo, sólo soy una que se vino a Madrid con la maleta llena de sueños, sólo soy una más, como tantas,  que siguen paso a paso esta carrera de fondo. Sólo soy una más de esas que siempre ha sabido que no tiene una flor en el culo, y digo alto y claro que no voy a celebrar cada prueba o cada función como si fuera una afortunada tocada con una varita mágica, porque respeto mucho mi profesión y el camino recorrido.
Y mi profesión no es ensayar sin que te paguen. Mi profesióin no puede ser celebrar que  te han dado un sólo día a la semana de función en un teatro en el centro de la ciudad. Mi profesión no debe ser ganar 9€ cuando se suba el telón y asumir el 21% de IVA. Por esto, NO PIENSO VOLVER A DAR LAS GRACIAS.
Y esto me llena tanto que no puedo decir que no vuelva a hacerlo. Porque me llevo oficio, me llevo trabajar en equipo, me llevo compañeros maravillosos la mayoría de las veces (pesados e impertinentes algunas otras, porque aquí, cada uno es de su padre y de su madre) pero es que también me llevo personajes inolvidables, aventuras que sólo unos pocos conocemos,  aplausos y críticas destructivas. Me llevo también besar al actor que no quería besar y pasar unos nervios que se me anudan en el estómago antes de cada función. Y por esto sí, por esto yo doy las gracias las veces que haga falta. Por todo esto yo daré las gracias cada vez que me suba a un escenario y por esto sigo aquí a pesar de las miserias.
Y si sigo aquí, en Madrid, digo, es también gracias al sector servicio. Amada y odiada hostelería con la que convivo día a día. Unos en hoteles, otros en bares y otros doblando camisetas mientras hacemos encajes de bolillo para poder ir a pruebas y a ensayos. Las gracias yo se las doy a los jefes y compañeros que me permiten hacer malabares con los turnos de trabajo para no olvidar por qué estoy en Madrid, pero yo NO PIENSO VOLVER A DAR LAS GRACIAS por hacer una prueba o hacer teatro 'en el Off'. Porque yo soy actriz, y las actrices hacen pruebas; las actrices actúan. Los cocineros fríen huevos, los pintores pintan cuadros, los políticos ponen obstáculos y los valientes los esquivamos.  Y NO PIENSO VOLVER A DAR LAS GRACIAS  a los teatros que programan pero no apoyan. Bueno, en realidad lo que quiero decir es que no pienso dar las gracias a las salas que 'sobreprograman' y no cuidan. Esto es justo lo que quería decir. Porque resulta que trabajar un sólo día a la semana hace poco callo, señor programador. Resulta que trabajando un día a la semana yo no pago el alquiler, señor programador. Resulta que 'ir a taquilla' es lanzarse a los leones y esperar a que se suba el telón sin saber si la sala estará llena o medio llena (yo es que soy muy optimista, desde que era chica, y el vaso nunca lo veo medio vacío) por eso, las salas en las que actúo nunca están medio vacías. Están siempre medio llenas... ¡Y qué afortunada soy! Qué bien que haya  gente que aún siga pagando por ver teatro que hacen unos desconocidos. Y discúlpeme, señor programador, pero es que yo soy de letras y debe ser por eso por lo que no me salen las cuentas. ¿Por qué tiene usted que llevarse el 50% de la taquilla? Si usted no me da de alta, ni promociona mi espectáculo, si ni siquiera imprime usted el cartel de mi obra para ponerlo en la puerta (resulta que tiene que ir alguien de la compañía unos diítas antes a dejarlo en la sala, es por eso por lo que hay carteles en la puerta del teatro. Sí, son todo facilidades en el Off) ¿Y por qué será que aún viendo la sala medio llena a mí no me salen las cuentas?
Y que quede claro que yo no digo que me roben. Que quede claro que yo no digo que en todos los teatros se trabaje del mismo modo... Pero ¡hay que ver qué suerte la mía, que en todas las salas en las que trabajo pasa alguna de estas cosas! A veces puede darse el caso de que ocurran todas esas cosas que os contaba en una misma sala (en estas últimas da gusto trabajar, son una joyita).
Y claro, claro que habrá sido casualidad, que no digo yo que en todos los teatros se cuezan habas. Lo que yo digo es que será que ha coincidido que en las salas en las que yo he trabajado, la gestión, desde mi punto de vista, hace flaco favor a los artistas. Yo sólo hablo de lo que conozco, de lo que no conozco no hablo. Por eso no pienso decir ni 'mu' del Teatro María Guerrero, no diré nada del Matadero, no se me ocurre pronunciar una palabra en contra del Teatro Español porque jamás he trabajado ahí, jamás he trabajado en ninguno de ellos. Pisar esos escenarios sí que es estar tocados con una varita. Mágica, muy mágica. Súper mágica. Bueno, también puedes actuar en el Centro Dramático Nacional si sales en la tele o si tienes un Goya. También puedes pisar unos de esos escenarios (con los que una soñaba cuando aún estaba en la Escuela de Málaga) si conoces a 'gente del mundillo' o si te dirige el ganador de un Premio Max (Nota: puede pasar que el ganador de un Max, sea más de trabajar con quien sale en la tele o con quien tiene un Goya. Esto puede pasar...)
Y que conste que amo mi profesión por encima de muchas cosas. Por encima de todo hace tiempo que ya no. Hace tiempo ya que no me maltrato. Hace tiempo que acepté que hacer teatro en las condiciones que estamos consintiendo no es hacer oficio, esto, así de mal hecho no puede ser más que un juego de niños y yo hace tiempo ya que dejé de ser una niña.
Y el día que consiga vivir de mi profesión, que nadie me diga "¡Qué suerte tienes, Laura, trabajando con Miguel del Arco o qué suerte por ese papel en El ministerio del tiempo!" porque diré muy alto y muy claro y en mayúsculas también: SUERTE NINGUNA. FUE OFICIO. FUE UNA CARRERA DE FONDO.
Además, que yo soy actriz, y las actrices actúan.
Y ahora sí, a ti te doy las gracias por haber leído hasta aquí.

                                                                                                                                              2 de febrero de 2017

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EL MORO...

                                                                                Rincones que inspiran

Moro de la morería que cuando me miras me pierdo en tus pupilas negras.

Moro de la morería que cuando me tocas no puedo alejarme de tu piel tostada de hierbabuena y azahar.

Moro de la morería que con tu acento cuando hablas mi idioma me arrancas la sonrisa en cada frase.

Moro de la morería que apenas unos kilómetros de agua nos separan.

Moro de la morería, te busco por la Medina, por el Haffa y por la Kasbah. Moro de la morería, te busco y no te encuentro entre bazares y calles empedradas. Ay, morito mío, que sin tenerte ya te quiero aunque no te sienta mío.

 

*El norte de mi Sur. Allí yo me pierdo y no tengo miedos*

                                                                                                                                         13 de enero de 2016

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--- En Línea ---

El ciberamor, la vida moderna y esas cosillas...

Locura ésta la de la nueva era.

(Está en línea)

Locura esto de conocerse y no conocerse.

(Doble check)

Locura ésta de contarse sin escucharse.

(Leído y sin respuesta)

Locura ésta de enamorarse sin un beso.

(Caca. Con sus ojillos)

Locura es sentirlo cerca sin conocer sus gestos.

(Leído y sin respuesta)

Locura es quererlo todo sin mirarle a los ojos.

(El monillo se tapa la boca)

Locura es escribirnos hasta la madrugada, soñar que vienes mañana y que no te irás nunca.

(Corazones. De los rojos)

Ay, esta vida nueva, esta vida moderna nos va a volver locos. Cibernéticamente locos.

(Jarras de cerveza. Fuegos artificiales y a lo loco)

Y yo digo, bendita eres, Locura, con tu vidilla.

(Flamencas rubias. Y algunas negras. También a lo loco. A lo loco todo el tiempo)

 

(Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia,eh!)

--- Enviando ---

 

 

                                                                                19 de octubre de 2015 (Santa Laura)

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LA ALEGRÍA

La ALEGRÍA es oler el mar y amanecer cerca de él.

ALEGRÍA es desayunar al sol. Si es contigo, compartimos las tostadas y si tú no estás me bebo un libro y me desayuno yo sola la mañana.

Y qué bonito es cuando la ALEGRÍA tiene nombre y apellido, eh! :-)

ALEGRÍA es volver y saber que alguien te espera. Volver a casa, volver a veros.

ALEGRÍA, aunque no lo creas, también es llegar y sentir la humedad en mi pelo.

Cuánta ALEGRÍA me da recordarnos entonando bajo un Níspero cualquier canción de Sabina.

Actuar me da la vida. Por eso también lo llamo ALEGRÍA.

Pero, ¿Y tú? tú no se muy bien quién eres pero oye, cómo alegras mis días.

 

                                                                                                                20 de junio de 2015

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BAILANDO MIS DÍAS

 

Lunes perezoso.

Martes que ignoro.

Miércoles que quieren ser jueves y jueves a los que algunos llaman Juernes.

¿Y qué más da cómo se llamen si yo quiero bailarlos todos?

Viernes de cañas y sábados que corretean por las calles de Madrid.

Domingos de melancolía, de mantita, de sofá y de peli.

¿Y qué más da cómo se llamen si  yo quiero bailarlos todos?

El lunes me despierto con tu música, el martes con tu tranquilidad, el miércoles empiezo con el zapateo y el jueves ya quiero taconear. El viernes tú me invitas al baile y el sábado, juntos, hacemos la coreografía y el domingo, el domingo, con calma, empezamos a ensayar el nuevo tema que vamos a bailar.

 

                                                                                                                                                                             4 de marzo de 2015

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EL FRÍO

.EL FRÍO QUE PELA...

El frío que me cala los huesos cuando tú no estás.

El frío de las paredes de un apartamento del Viejo Madrid.

El frío de las bambalinas mientras espero el momento de saltar a escena.

El frío de las palabras que ya no están.

El frío del invierno que nunca es esperado y el frío de aquel invierno que recuerdo bajo los cuarenta grados del verano de Madrid.

Temido frío. Solitario el frío y ¡qué poco querido es!

Decidido es el frío, que se planta ante una y no se va. Maldito el frío desde que tú no estás.

¡Solecito, ven ya!

 

                                                                                                     9 de enero de 2015

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LA TERMINAL

Parece que los mejores momentos en Navidad surgen alrededor del árbol, frente a la chimenea, durante la cena o mientras brindamos con nuestra gente. Para mí, Navidad es hogar, son reencuentros y es ese calorcito del bueno pero yo, en este 25 de diciembre laborable por primera vez en mi vida, me pregunto mientras veo a tanta gente ir y venir con maletas y mochilas ¿Qué estará pasando en los aeropuertos del mundo? Aeropuertos y terminales kilométricas con techos altos, paredes frías e impersonales que son "tierra de nadie". Yo creo que en esos lugares de paso se están dando los abrazos más calurosos, los besos más sentidos y las miradas más sinceras.

Reencuentros y despedidas. El mejor escenario estos días tanto para ser actor principal como para ser espectador. Billetes de ida sin fecha de vuelta que parten el alma y billetes que nos devuelven a casa y que alegran la vida.

¡Buen viaje!

¡Bienvenido!

Que seas feliz....

 

                                                                                                        25 de diciembre de 2.014

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EL EMPEÑO

eS PESADO EL EMPEÑO...     

Es pesado el EMPEÑO  y lo cargo en mi bolsa de viaje desde hace algunos años ya.

Ay, el EMPEÑO,  y cuánto me pesa esta palabreja de seis letras. Cae como plomo que cargo a la espalda desde hace algunos años ya. Y bendito el EMPEÑO que me hacer ser actriz y que me trajo a Madrid; Y bendito también el EMPEÑO  que me trajo a ti,  pero ¿Hasta cuándo lo estaré cargando? ¿Y hasta cuándo será mi fiel compañero de viaje?

Es sano el EMPEÑO que me trajo hasta aquí pero maldito el EMPEÑO que hace que no quiera alejarme de ti.

ESTE EMPEÑO NO ES CONSTANCIA. SI ES EMPEÑO NO ES AMOR.

                                                                                                                                                                                  15 de diciembre de 2.014

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Los personajes de mi vida

Estudiar Interpretación en una Escuela de Arte Dramático superar 1,60cm de estatura y que tus medidas no sean 90-60-90 tiene su aquel... Sí señores, tiene su aquel porque si no cumples esos dos requisitos, tienes todas las papeletas para "comerte con papas" durante los cuatro años de carrera todos los personajes que se llamen algo así como: Madre, Vecina 1, Mujer 2,  y/o Anciana... y esa fue mi suerte, señores. Empecé a formarme como actriz haciendo alguna que otra "mujer" que Lorca con tanto amor escribió (señoras que me doblaban la edad en su mayoría), alguna de Ionesco, de Casona... En fin, a medida que avanzaba mi paso por la Escuela mi amplio abanico de personajes femeninos bastante mayor que yo y, bastante mayor que mi madre iba aumentando y esto a mí, me ponía un poco nerviosa, la verdad. Bueno, también me enfadaba un poco, todo hay que decirlo ¿Por qué no puedo yo ser "La novia" de Bodas de Sangre, eh, por qué no? pues nuncá lo fui, oye... Pero eso sí, llegué al último curso y el profesor de tragedia dijo "y Laura Río hará... Elena de Troya" "Toma yaaaa, la guapa" eso dije yo en voz muy baja pero con una emocíón que aún la recuerdo como si fuera ayer. En ese mismo momento también me acordaba de todos lo que me habían ido encasquetando a todas las viejas del reparto año tras año. Menudo reto tenía yo por delante ¡interpretar a una mozuela!

Afortunadamente, de todo se aprende y, todo (o casi todo) sirve para algo, aunque bueno, el mejor consuelo, ha sido darme cuenta de que "la vida real" es diferente. En la vida real, es importante que la edad del actor vaya acorde con la del personaje (aunque en Al salir de clase se lo saltaran a la torera) y cuánto he disfrutado con los personajes que la vida real me ha regalado. El primero que me enamoró fue Lola; Una mujer escrita por Carlos Rico y dirigida con mucho amor por Alejandra Nogales. Mi Lola no tenía hijos porque tenía castings que hacer; amaba su profesión por encima de todas las cosas. Llegar a Microteatro unos años después de la mano de Ramón Salazar ya sonaba a algo maravilloso pero que encima pudiera hacerlo metiéndome en la piel de una divertida y acomodada cristiana que habla de religión, homosexualidad, hipocresía y cipotes de potrancos entre otras joyas, ha sido probablemente la experiencia más corta pero la más exprimida, la más disfrutada desde el primer ensayo y la que volvería a repetir mañana mismo si pudiera porque la recuerdo a menudo con risas y ganas. Luego llegó Isabela, la mujer fatal que Saúl F. Blanco había escrito para mí. Sí, como lo leen, señores que sólo me dabais viejas, sepan que hay un joven autor español que un día pensó en mí para ponerle cuerpo y voz al personaje que más alegrías me ha dado hasta el momento, porque ver crecer un proyecto que nace en el salón de casa y entre amigos, es lo mejor de esta profesión. Que Isabela y Bosco llegaran al Hall del Lara fue nuestro Max. Que alguien confiara en mí, a pesar de lo difícil que fue el proceso de ensayos para que yo defendiera a una tía de armas tomar encima de un escenario son retos que a una, le dan la vida y Noches de Acero fue eso, puro reto y crecimiento. Y ahora, cómo estoy disfrutando ahora de Marta, qué ganas de que sea ya 12 de marzo, qué ganas de que vengáis a Microteatro por Dinero y qué ganas de que podáis ver qué está haciendo conmigo Diego Sabanés.

                                                                                                                              2 de marzo de 2.014

 
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Tánger, el segundo hogar.

Pues sigo escribiendo de viajes ¿Y por qué? pues esto no lo sé muy bien, pero como se me llena la boca cada vez que hablo de Tánger hoy me he dicho," voy a dejarle claro a todo el mundo por qué adoro esta ciudad". Probablemente os de igual, probablemente estéis pensado que estoy confundiendo "diario" con "blog", probablemente muchos de vosotros ya conozcáis Tánger y probablemente no influya mi visión de esta ciudad en lo que vosotros pensáis, pero digo yo que a lo mejor, a aquellos con prejuicios a la hora de bajarse al moro se les despierta un poco el gusanillo y se plantean lo de cruzar el estrecho...

Ahora es cuando mi cabeza empieza a volar y a recordar todos mis momentos tangerinos; os estoy avisando porque quizás os aburra leer cuándo fue la primera vez que visité Marruecos, qué me pareció el olor de esa ciudad, qué pienso de las playas o dónde probé el mejor cous cous del mundo. Si veis que esto no os va a interesar, podéis dejar de leer y tan amigos, pero ya que he llegado hasta el segundo párrafo, tengo que seguir porque sé que esta vez, es mi padre el que seguro que me va a leer.

La primera vez que pisé Tánger fue con tres o cuatro años. Lo que más me impactó fue el fuerte olor a pescado del mercado mezclado con el de las carnes que por ahí colgaban; aún recuerdo la sensación que aquella mezcla de olores me provocó tras cruzar el arco del "Zoco Grande". Lo cierto es que, esto me disgustó un poco, no terminaba yo de entender por qué aquella ciudad olía así y por qué aquellos lugareños con trajes raros se acercaban a hablarnos si éramos completos desconocidos, pero volví. Volví a Tánger al año siguiente, básicamente porque con cinco años no tenía una mucho poder de decisión pero, de haberlo tenido, poco podía hacer yo ante la decisión de mi padre: "Nos vamos a Tánger a pasar la Nochevieja", así nos lo soltó y así lo hicimos. Y todavía me acuerdo yo de ese viaje en barco (en el de tres horas, porque esta cosa de cruzar el estrecho en media hora como pasa hoy en día, antes, no era posible), así que allí estábamos, embarcados en el "Ibn Battuta" y sentados en aquel salón rojo del piso de arriba, aún recuerdo como mi padre me decía "Cuando seas mayor apreciarás los olores de Tánger. Aquí el pescado huele a pescado, la carne huele a carne y la fruta y la verdura huelen a fruta y a verdura, y lo mejor de todo, el pescado sabe a pescado, la carne sabe a carne y la fruta y la verdura, saben a fruta y a verdura. La gente no viste ropas raras, la gente lleva chilabas y cuando seas mayor estarás frita por ir a una boda y poder vestir un precioso caftan, así que no quiero ninguna rabieta de niña pequeña cuando bajemos del barco. Ah, y la gente te habla porque somos vecinos, apenas nos separan 14,4 km ¿Dónde te creías que estaba Tánger?". Y una, a pesar de los cinco años que tenía en ese momento y del mareo considerable que iba aumentando por culpa de las agitadas aguas del océano, supo que aquella misteriosa ciudad se convertiría en un rincón muy especial, y así empezó mi romance con ese lugar que un día fue ciudad del protectorado español. Ya decía yo que, tan diferentes no éramos...

Lo que más me gusta de Tánger es su tranquilidad. Sí señores, he dicho tranquilidad. Tranquilidad para pasear por el "Boulevard Pasteur", tranquilidad para perderse por las callejuelas de la "Medina", tranquilidad para tomar té en el bazar de algún desconocido, tranquilidad para caminar por el "Zoco Chico" o subir dando un paseo hasta la "Kasbah". También me gusta mucho la hospitalidad de aquellos lugareños. Me gusta saber que tengo amigos (casi familia algunos de ellos) en Tánger, también me gusta saber que puedo volver cuando quiera y que alguien me espera, me gusta recordar aquellas noches de verano correteando por casa de Mahmud y Nassía, las comidas en el campo, el primer amanecer que vi en el "Haffa Café", aquellos bodorrios marroquíes, la casa de la playa  y los primeros guateques de adolescentes... Qué bien me lo he pasado  ¡Y lo que sigo disfrutando del norte de mi sur, oigan! Cuánto me gusta volver, cuánto me gusta saludar a la gente por la "Medina" y disfrutar de esos olores, comer aceitunas de colores, cruzarme con gente con babuchas, vendedores de teteras, hacer un alto en el camino y cambiar una caña por una "Flag" bien fresquita, subirme en un taxi con cuatro o cinco personas más (no siempre conocidas) y llegar a Asilah, ir a la Playa de "Las Cuevas", que me hagan el lío y me quieran vender la moto, que me digan "¿Qui pasa, visina?", tomar un té en la cinemateca, comprar especias, oir a la gente decir "yahla, yahla", la música en vivo de mis amigos en el "Chellah Beach Club" y que aquellos hombres con chilabas y esas mujeres pintadas de "henna" me digan "salam malecun" y decir "¡coño, estoy en casa!". Así de bien me siento yo cuando me bajo al moro.

Y como no quiero esperar a tener hijos para transmitirles lo que mi padre me enseñó a mí de esa maravillosa ciudad, me pongo pesada invitando a mis amigos a ir una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez... pero todavía no conozco a ninguno que me haya dicho "ups, esta ciudad no es para mí".

Gracias, papá, por hacer de esos primeros viajes a Tánger que para ti eran de negocios, los mejores de mi vida.

Imagináos que esto es un banner de esos y pone "Si quieres viajar a Marruecos y no sabes cómo, entra en www.viajesmaster.com y te aconsejarán mejor que nadie porque adoran lo que hacen, porque adoran Tánger".

                                                                                                                                                                                         6 de febrero de 2.014

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